Victoria
Massa de Bulit
Señores y señoras autoridades de ambas
instituciones, colegas, alumnos y exalumnos: Nos reúne una ocasión para celebrar, el
Lenguas Vivas se convierte en centenario con todo lo que ello
implica de tradicional y establecido y ADICA cumple su primer
cuarto de siglo, período de ajuste y de inserción. Pensemos
que el Lenguas Vivas supera, con creces, la antigüedad de la
profesión que nos convoca: la interpretación simultánea. Como toda actividad novedosa, despierta en el
gran público diversas conjeturas: hay quienes piensan que el sólo
hecho de hablar bien dos idiomas y ser, por ejemplo, profesora o
traductora de una lengua extranjera habilita para poder fungir
como intérprete simultánea pues, después de todo, se trata de
'saber bien' dos idiomas. Hay otros, por el contrario, que
atribuyen a nuestra profesión cierto cariz esotérico (por
suerte no vivimos en la Salem del siglo XVIII porque podríamos
haber acabado en la hoguera con las brujas homónimas), pero,
chistes aparte, no falta alguno que piensa que esta transmutación
milagrosa se debe a la parafernalia tecnológica (lo cual ha
dado origen a diversas anécdotas sumamente divertidas). La profesión de intérprete seguramente debe
ser la segunda más antigua, ya que bastaba que dos pueblos
entraran en contacto para que se necesitara de los buenos
oficios de un lenguaraz o trujamán que favoreciera su
entendimiento. Por supuesto que la profesión de intérprete
simultáneo no es tan añeja pues fueron necesarios muchos
adelantos tecnológicos para que surgiera como una actividad
distinta y establecida allá en Nuremberg en 1945. Supongo que todos los presentes que se dedican a
las lenguas en una u otra capacidad convendrán conmigo en que
no basta con conocer a fondo dos lenguas para poder actuar de
intérprete simultáneo ya que entran muchos otros factores en
juego. Para poder explicar un poco más en detalle todo lo que
involucra el acto de la interpretación simultánea, recurrimos
a una teoría esbozada por Daniel Gile, doctor en matemática,
intérprete miembro de AIIC, con francés como lengua A, inglés
como lengua B y japonés como lengua C. Debido a su capacitación
previa en el campo de las matemáticas, Gile decidió tratar de
explicitar qué sucedía durante el proceso de la interpretación
simultánea y concibió la teoría de la 'cuerda floja' (tight-rope
theory) que ve al intérprete haciendo equilibrio precario en el
trayecto que lo lleva de la lengua-fuente a la lengua-meta. Nuestra actividad ha sido objeto de numerosas
pesquisas y diversas ramas de la ciencia se han interesado en
ella, entre las que podemos mencionar a la lingüística, la
psicología cognitiva y la neurolingüística , pero lo han
hecho desde un punto de vista teórico mientras que la teoría
de Gile parte de la práctica y pretende develar por qué una
interpretación sale bien o sale mal, por qué se producen los
errores o las omisiones y con ese motivo concibió el modelo de
los esfuerzos. Ya desde la década del 40 sabemos que cualquier
canal que sirve para transmitir información cuenta con una
capacidad finita de hacerlo y, por encima de ese umbral, se
producen pérdidas de información. Con esta noción en mente,
pasemos a la teoría de Gile. La tarea del intérprete simultáneo puede
desagregarse en tres instancias discretas (separables a los
efectos de esta presentación pero cuyos límites son difusos y
cuya interacción se retroalimenta en la vida real) que son: una
primera instancia de audición y análisis que implica el
procesamiento y comprensión del mensaje entrante, una tercera
instancia de producción que abarca la emisión del lenguaje
saliente en la lengua-meta y una instancia intermedia que
involucra a la memoria de corto plazo que almacena la información
escuchada y luego la ordena para proporcionarla a la instancia
siguiente, la de producción. Si bien Gile ilustra este proceso por medio de
una fórmula matemática, también recurre a una imagen más gráfica
y clara: pensemos en un anfitrión o administrador y coordinador
C que tiene tres invitados: A (audición y análisis), P
(producción) y M (memoria) y tiene que atenderlos a los tres
manteniendo sus copas permanentemente llenas. A poco que uno de
sus invitados beba más a prisa, C se verá en figurillas para
atender correctamente a los otros dos y la calidad de su atención
se verá resentida... pues esto, ciertamente, refleja el proceso
que se da en el trabajo del intérprete simultáneo. A mayor esfuerzo por escuchar o entender, menor
capacidad disponible para recordar y para producir por cuanto,
como anticipamos, la capacidad es finita y, a mayor
requerimiento de un esfuerzo, menor capacidad restante para los
otros dos. Estoy segura que este cuadro coincide con
circunstancias vividas por los diversos intérpretes presentes:
un esfuerzo exigió demasiado en desmedro de los dos restantes. Ahora bien, pensemos en el esfuerzo de la audición
y análisis: este es el esfuerzo que se produce inicialmente e
implica decodificar las ondas sonoras que llegan al intérprete,
convertirlas en palabras correspondientes a la Lengua de origen,
ordenarlas en una secuencia que se convierte en un enunciado que
tiene significado... ¿qué aspectos podrían conspirar contra
la consecución de este esfuerzo? El primer escollo que enfrenta el intérprete es
de orden técnico: hay veces que la calidad del sonido que llega
a la cabina no es la mejor... hay fritura, el sonido es
demasiado bajo, hay interferencias o hay interrupciones que
impiden que el sonido recibido sea de una calidad aceptable. Si
bien los adelantos tecnológicos han resuelto este problema en
gran medida, aún pueden surgir problemas que implicarán un
mayor esfuerzo de audición. Otros aspectos que pueden conspirar contra esta
instancia son una pronunciación defectuosa (oradores que se
expresan en una lengua que no es la propia) que, además, a
veces se ve acompañada de una gramática inadecuada; la inclusión
de nombres propios difíciles de descifrar o a los cuales es
imposible atribuir un género (Dr. Nakata); la velocidad del
discurso (sobretodo en el caso de las alocuciones leídas); la
densidad informativa del mismo (aparición de conceptos
confusos, enumeraciones con bajo nivel de redundancia, etc.); la
inclusión de citas, chistes, juegos de palabras o de términos
imprevistos que 'descolocan' al intérprete y que exigen que
dedique gran parte de su energía a satisfacer la exigencia de
este esfuerzo. En cuanto a la instancia de producción, además
de los problemas inherentes a la cuestión técnica (no menor es
la apertura del micrófono o la transmisión en el canal
correcto...), contamos también con las dificultades que
provienen de las lenguas con estructuras muy distintas o por las
trampas que surgen de aquellas que tienen estructuras similares
ya que ante una producción teñida de excesiva literalidad, la
elocución puede verse contaminada por la lengua de origen e
incluir construcciones sintácticas poco felices o falsos
cognados que actúan en desmedro de la calidad final de la
producción. El esfuerzo de la memoria a corto plazo actúa
como instancia intermedia: almacenamos en nuestra memoria los
conceptos que escuchamos porque difieren las estructuras de las
lenguas: un caso clásico que me viene a la mente es el orden de
los modificadores entre el inglés y el castellano: supongamos
que estamos interpretando y que el orador se refiere a 'agricultural
and technical aid', el intérprete deberá almacenar los dos
modificadores hasta escuchar el núcleo para poder interpretar
el enunciado en castellano en forma correcta. Recurrimos también
a la memoria de corto plazo para almacenar los conceptos que
hemos escuchado y que aún no hemos interpretado o aquellos que
hemos escuchado pero que nos resultan confusos y elegimos
esperar para ver si la situación se aclara. Pues bien, ya hemos descrito los tres esfuerzos,
estos tres convidados del anfitrión C —por coordinación—,
que, como no podía dejar de ser en esta época del management y
la gestión, esta coordinación centralizada o proverbial
anfitrión, se ocupa de asignar recursos según las necesidades
o exigencias de cada esfuerzo individual. Es obvio que, a mayor
requerimiento de uno, tanto menos habrá para repartir entre los
otros dos. Esto quizás explique por qué algunas
interpretaciones no salen todo lo bien que quisiéramos o por
qué
de algunas interpretaciones salimos agotados mientras que de
otras no. Quisiera, por último, compartir con ustedes una
somera lista de los factores que incrementan la demanda de cada
esfuerzo y las posibles estrategias que ayudarían a paliarla.
Reconozco que, si bien la mayor parte de este gráfico se
refiere a conceptos de Gile, hay agregados de mi cosecha y,
estoy segura de que los aquí presentes podrán aportar muchos
otros:
Síntesis de los factores que influyen sobre el
equilibrio de la interpretación Convendrán conmigo en que esta lista no es
exhaustiva pero que refleja los principales disparadores de
problemas que enfrentamos en nuestro quehacer cotidiano. No hay
duda de que la preparación previa y el conocimiento de la situación
ayudan a superar una serie de problemas que surgen en los primeros
dos esfuerzos y no es menor la importancia del apoyo de nuestro
compañero de cabina al momento de superar ciertos escollos. Nuestra actividad es apasionante y es, también,
agotadora. Hay momentos del año en que uno puede prepararse bien
para un evento y otras en que la sucesión de los mismos nos
impide alcanzar la preparación adecuada que uno quisiera. También
conspira contra nuestro trabajo el hecho de que muchos
organizadores son renuentes a proporcionarnos los textos o
materiales que nos permiten prepararnos a fondo. ¿Qué decir de
los oradores? Los hay buenos y los hay pésimos, los hay que
entienden las dificultades a las que nos enfrentamos y otros que
hacen caso omiso. Pero, a fin de cuentas, nuestro trabajo de
equilibristas entre el mensaje entrante y el mensaje saliente
sigue siendo una actividad necesaria y fascinante que nos permite
colaborar en el progreso del conocimiento y, al mismo tiempo,
crecer más como individuos Muchas gracias. |