"ACTUALIZACIÓN SOBRE EL MERCADO DE LA INTERPRETACIÓN
EN LA ARGENTINA"

Marcos Miguel Celesia (ADICA, CTPCBA) y
María Delfina Cernello de Herbert (ADICA, CTPCBA)

Presentado ante el "I Congreso Latinoamericano de Traducción e Interpretación" celebrado en setiembre de 1996, organizado por el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires (CTPCBA)

Por lo general, el común de la gente nunca ha tenido muy en claro la diferencia entre un intérprete y un traductor. Tan solo en años recientes se comprende que estas dos profesiones son muy diferentes y requieren cualidades y destrezas distintas. Obviamente ustedes, como profesionales en la materia, conocen la diferencia, pero tal vez valga la pena que nos detengamos un momento en comentar cuáles son esas destrezas y cualidades que debe tener el intérprete, que no necesariamente resultan indispensables para el traductor.
En nuestros años de docencia universitaria, enseñando interpretación en inglés, muy a menudo nos hemos encontrado con alumnos que llegan a la especialización en interpretación de conferencias con excelente formación en Lengua Inglesa y Traducción. Cualquiera podría pensar que entonces les va a ir muy bien como intérpretes. Al fin y cabo, si una persona traduce excelentemente y habla muy bien un idioma, ¿por qué podría llegar a fracasar como intérprete? Pues esto no es siempre cierto. La traducción escrita conlleva un proceso de elaboración cuidadosa y detallada del texto traducido, consulta con diccionarios y material de referencia, y la posibilidad de revisar y corregir cuantas veces sea necesario. Y el excelente estudiante de Lengua Inglesa, o del idioma de que se trate, se habrá destacado en lengua oral hablando a su ritmo, diciendo lo que quería decir y limitándolo a su nivel de conocimientos. En el caso de la interpretación, el intérprete debe traducir simultáneamente lo que está diciendo la otra persona, a la velocidad que lo esté diciendo (que suele ser vertiginosa) y con el grado de dificultad y el vocabulario elegido por el orador, y no por el intérprete.
Por lo tanto, el intérprete necesita desarrollar muy bien la producción espontánea del idioma y la velocidad. Tiene que tener el don de poder escuchar, entender, traducir y hablar al mismo tiempo. Parecerá extraño decir esto, pero debe incluso tener literalmente la capacidad de hablar muy rápido, cosa que mucha gente no posee. También requiere un excelente entrenamiento auditivo para poder entender sin dificultades los diferentes acentos regionales y a los oradores extranjeros que no hablan en su propia lengua, como puede ser el caso de un japonés o un francés hablando inglés. También debe mantenerse bien informado y actualizado sobre los más diversos temas.
Existen diferentes tipos de interpretación. Con la generalización de los juicios orales supuestamente aumentará la necesidad de intérpretes en tribunales, algo que es muy común en los Estados Unidos. En este caso, los profesionales deberán sumar a sus destrezas específicas el título de traductores públicos.
Empezando con el aspecto menos complejo de la profesión podemos mencionar al intérprete acompañante, que es el que asiste a un empresario en sus actividades y reuniones de negocios a lo largo de día. Cuando en las reuniones participan pocas personas, el intérprete traduce simultáneamente, a viva voz, superponiendo su voz a la del orador, o en forma consecutivo-simultánea, con frases muy cortas tipo "ping-pong". En el caso en que los visitantes extranjeros sean una o dos personas, entonces el intérprete les hace a ellos traducción susurrada o "whispering".
Otra categoría de intérprete es el que realiza interpretación en empresas. Ya estamos hablando de una jornada completa en una compañía, y puede tratarse de una auditoría, un curso de capacitación interna, la negociación detallada de un contrato o muchas otras variantes. Dada la intensidad de la jornada, el trabajo es realizado por dos intérpretes, que toman turnos de aproximadamente media hora cada uno.
Estas dos variantes, que generalmente plantean menos presiones, son excelentes oportunidades para que comiencen a foguearse los intérpretes nuevos. Sin embargo, el compromiso con la calidad no es menor, ya que en estas reuniones a menudo se discuten y definen asuntos vitales para el cliente.
Otro modalidad de trabajo en la profesión son las conferencias propiamente dichas, en un salón, y ante un público. En este caso también se puede trabajar de dos formas: con interpretación simultánea o consecutiva. En determinadas circunstancias, por razones de costos o por elección del organizador, no se cuenta con equipos para traducción simultánea. Entonces el intérprete trabaja con traducción consecutiva. Puede ser con frases cortas, tipo ping-pong, como mencionamos anteriormente, o -si el orador lo prefiere- con frases completas. En este último caso el intérprete puede confiar en su memoria o recurrir a la toma de notas. Se trata de un sistema de anotación de palabras clave o símbolos ilustrativos que ayudan al intérprete a poder reconstruir de un vistazo la esencia del concepto vertido por el orador. En todos los cursos de interpretación se enseña la toma de notas, y hay diferentes sistemas, pero siempre se incentiva a los futuros profesionales a desarrollar su propia técnica; aquélla con la cual se sientan más cómodos. En este tipo de interpretación el intérprete suele estar parado frente al público, junto al orador, lo cual -de más está decirlo- requiere una prestancia y desenvoltura muy especiales.
En los casos de conferencias más masivas, que pueden ser seminarios técnicos, reuniones de organismos internacionales, o conferencias muy largas, o con varios idiomas, se suele contar con equipos para interpretación simultánea. Los intérpretes ahora se ubican dentro de una cabina y traducen simultáneamente. La calidad de los servicios de audio es fundamental para los intérpretes, ya que la calidad de su propio trabajo depende directamente del sonido que reciban. En "simultánea" el intérprete está menos "visible", pero quizás, de todas las especialidades, sea la  más difícil y la que mayor capacitación requiere.
En una encuesta sobre las expectativas del público realizada por AIIC recientemente se determinó que a los asistentes a una conferencia les gusta que los intérpretes tengan un conocimiento acabado del tema y la terminología, que vocalicen bien, y que tengan un tono de voz agradable. Por otro lado, lo que los irrita son las frases inconclusas, los silencios, la traducción muy demorada, el tono monótono o dubitativo, los excesos histriónicos, los errores terminológicos y los ruidos molestos en el micrófono. Esta encuesta es bastante elocuente sobre lo que se requiere de un buen intérprete simultáneo.
Un párrafo aparte merece la interpretación en actos oficiales, conferencias de prensa y medios de comunicación. Aquí, se agregan los ingredientes de la presión, el nerviosismo generado por la situación misma, y la jerarquía del entrevistado, que pueden hacer vacilar hasta al más avezado. Entre otras cosas, conviene recordar que los "reflectores" no son para el intérprete sino para el orador. Hay que hacer la tarea con corrección, tomando en cuenta que los demás profesionales presentes (fotógrafos, camarógrafos, periodistas, maestros de ceremonias, etc.) también necesitan hacer lo suyo.
Todo lo antedicho confirma sin lugar a dudas la importancia de la formación profesional del intérprete. En la Argentina se enseña interpretación a nivel universitario en la Universidad del Salvador, en inglés, en la Universidad del Museo Social Argentino, en inglés, francés e italiano. Recientemente se inauguró la carrera en la Universidad de Belgrano. A nivel terciario en el Instituto Nacional Superior del Profesorado en Lenguas Vivas, en inglés y francés. También existen excelentes cursos particulares.
El desarrollo de la interpretación simultánea en la Argentina se dio paralelamente con el resto del mundo, a partir del Juicio de Nuremberg. La primera conferencia realizada con traducción simultánea en nuestro país fue la Primera Reunión del Consejo Interamericano de Jurisconsultos de la OEA, que se celebró en 1953 en la Facultad de Derecho. Al año siguiente se realizó una reunión de la FAO. Entre los intérpretes que abrieron el camino para la profesión debemos mencionar a Elena Uriburu, Guillermo Muslera Mooney y, más tarde, Emilio Stevanovich y Sheila Fernández Mouján.
En la Argentina hay varias asociaciones profesionales relacionadas con la traducción. El Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, por supuesto, fue verdadero pionero en el área de los idiomas. Existe también la AATI (Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes) y hay en el país miembros de The American Association of Language Specialists (TAALS). Pero hay dos asociaciones que convocan exclusivamente a los intérpretes. La primera es la representación en la Argentina de la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencia (AIIC), que nuclea a 2.500 intérpretes de 65 países. También existe, desde 1979, la Asociación de Intérpretes de Conferencias de la Argentina (ADICA) que agrupa a más de 50 intérpretes del mercado local, incluyendo a los miembros de la internacional.
A medida que se fue desarrollando la profesión en la Argentina se fueron estableciendo las condiciones de trabajo, sobre la base principalmente de lo que ya se hacía en otros países del mundo en la misma profesión. En ese sentido, las normas de la AIIC han servido como la base, que luego se fue puliendo y adaptando a las condiciones y necesidades locales. Un ejemplo claro de ello es que en la mayoría de los países no se trabaja en modalidad de "ida y vuelta", sino que una pareja de intérpretes trabaja al idioma local y otra al idioma extranjero, en dos cabinas separadas. Aquí, por la modalidad del mercado y por una razón de costos, solamente se trabaja así en los congresos internacionales muy grandes o con varios idiomas simultáneos.
Si bien las condiciones de ingreso a las dos asociaciones líderes de la Argentina son diferentes, porque sus orígenes son distintos, sus objetivos no difieren tanto. Después de muchos años de antagonizar primero y conciliar después, hemos evolucionado hacia una compatibilización de las normas de trabajo que nos ha permitido unificarnos a nivel local. Este trabajo de años nos ha dado excelentes frutos, ya que nos fuimos poniendo de acuerdo en las condiciones básicas de trabajo y nos esforzamos permanentemente para difundir la profesión y defender las condiciones técnicas mínimas para poder cumplir eficientemente nuestra tarea. Además, hemos logrado mejorar los servicios para los clientes, pero a la vez tener honorarios dignos y razonables, sin entrar en la competencia despiadada de precios que sólo degrada la profesión sin beneficiar siquiera al propio cliente. Eso, además, nos permite poder contar con un universo de intérpretes mucho más amplio, ya que todos tenemos en claro con qué parámetros nos movemos.
Quienes ingresan en ADICA o AIIC saben que entran en contacto con un grupo de profesionales, entre ellos los más reconocidos en la Argentina, junto con otros menos experimentados, que comparten los principios éticos básicos de la profesión y están dispuestos a trabajar unos con otros y a privilegiar la buena convivencia profesional, persiguiendo a la vez sus propios y legítimos intereses. A su vez, la asociación les proporciona un prestigioso marco de referencia con la fuerza que da la unión para buscar soluciones creativas a los problemas y a los cambios que se nos presentan. Las asociaciones sirven para conocernos y relacionarnos y, en vista de que ésta es una profesión tan interdependiente, esto resulta de suma utilidad.
Sin embargo, no funcionan como "bolsas de trabajo". Sus miembros son intérpretes individuales, "free lance" y, por supuesto, existen intérpretes que no forman parte de ninguna asociación. Los contratos de los intérpretes surgen de varias fuentes: pueden ser convocados directamente por el cliente, por otro intérprete -que en ese caso será el coordinador- por una empresa de sonido, o por un organizador de congresos.
Existen intérpretes coordinadores, que son los que tienen variados contactos con diferentes clientes directos (sociedades médicas, empresas) u organizadoras de conferencias o empresas de sonido, y son los que "generan" los contratos. Los trabajos los realizan ellos, acompañados de algún colega, que puede ser otro intérprete coordinador u otros profesionales que se dedican a trabajar para diferentes coordinadores y no tanto a cotizar en el mercado. Además, cuando el coordinador tiene más de un trabajo el mismo día, convoca a otros colegas para poder cumplirlos. Este tipo de configuración del mercado genera verdaderas obligaciones éticas tanto para el intérprete coordinador como para los intérpretes convocados, que representan al coordinador ante su cliente.
En general todos los intérpretes deben mantener la confidencialidad de la información que reciben en el desempeño de sus tareas; ser objetivos en su interpretación; prepararse de antemano para cada conferencia y ocuparse de que se cumplan todos los requerimientos técnicos de audio y visibilidad para poder realizar su trabajo. A su vez, el intérprete coordinador se debe asegurar el contrato antes de comprometer a otros colegas y arbitrar los medios necesarios para garantizar el pago. Si no va a estar presente en el trabajo, designa a uno de los colegas que envía al evento como su "representante" y le brinda el contacto dentro de la empresa y toda la información que pueda llegar a necesitar.
En el caso de los intérpretes convocados por el intérprete coordinador, obviamente realizan un trabajo de la misma calidad que si se tratara de su propio cliente, mantienen un perfil bajo y no dan tarjetas personales ni tratan de atraer al cliente del colega coordinador ni a ningún otro posible cliente presente en el evento. Tampoco conviene que entren en negociaciones sobre horarios,  modalidades de trabajo ni honorarios directamente con el cliente. Es preferible que deriven esas consultas al intérprete que los contrató, inclusive para comodidad del cliente que tendrá así un único interlocutor.
Quizás estas consignas suenen algo rígidas pero, al ser éste un trabajo tan interdependiente y solidario, con los años hemos encontrado que es la mejor manera de trabajar juntos y a la vez poder expresar lo mejor de la individualidad de cada uno, en consonancia con los códigos de ética por los cuales se rigen los intérpretes profesionales en todo el mundo. Competimos en base a calidad de trabajo y de servicio.
En términos generales, conviene siempre presupuestar por escrito los honorarios y las condiciones de contratación a fin de evitar malos entendidos. Inclusive, consignamos los posibles honorarios adicionales en caso de que se excedan los horarios de trabajo pactados y prevemos circunstancias especiales como los viajes, con los gastos que los mismos generan, el trabajo nocturno o en fines de semana, etc. Los intérpretes no cobramos por hora sino por día o bloque de horas, ya que cuando un intérprete compromete parte del día, difícilmente pueda ocupar el resto con otro trabajo. A veces cuesta que los clientes, e incluso algunos colegas, valoren este concepto en su justa dimensión. Al igual que en el caso del traductor público, en los honorarios del intérprete el tiempo estricto de trabajo no es la única variable que determina el precio, ya que éste contempla la formación profesional, la preparación previa, el lucro cesante de otros trabajos rechazados y el hecho de que es una profesión liberal y estacional, con todo lo que ello implica.
Bien, creo haberles dado una visión bastante detallada de nuestra profesión. Por supuesto, hay muchas cosas por mejorar y desarrollar. Por ejemplo, nos gustaría idear un sistema para darle mayor cabida a la gente más joven, talentosa pero sin experiencia todavía, al lado de gente más experimentada, quizás con un honorario diferencial.
También hace falta profundizar el trabajo de difusión de la profesión en general, para que se comprenda mejor su real importancia en los eventos. A todos nos ha pasado que el cliente "pelee" el precio de la interpretación y contrate gente no capacitada o sonidistas no idóneos, para conseguir un ahorro mínimo en comparación con el valor total del evento y con las posibles consecuencias de una interpretación deficiente para el objetivo final que lo llevó a organizarlo. A veces directamente tenemos que explicarle al cliente que sería una pena que todo el esfuerzo monetario realizado para traer a uno o varios expertos del exterior al país se malogre tratando de ahorrar dinero precisamente en el servicio que permitirá la comunicación entre el orador y su público.
Como en tantas otras áreas del quehacer nacional, las necesidades de interpretación han crecido en los últimos años, desde que la estabilidad trajo consigo las privatizaciones, las inversiones del exterior y la capacitación masiva de personal, entre otros rubros. En la medida en que esas condiciones subsistan, creemos que seguirá habiendo trabajo para los intérpretes serios, idóneos y eficientes.

Muchas gracias.